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¿Maricón o drogadicto?*


Tenemos que tomar partido. No me refiero a la ideología de género de la que ya todos se cansaron (y que pocos entienden). Me refiero a definir si queremos que la generación de nuestros hijos también continúe discriminando (o permitiendo que se discrimine) a las minorías.

Drogadicto. Esa era la respuesta insólita pero universal ante la pregunta: ¿Qué prefieres que sea tu hijo, homosexual o drogadicto? Teníamos solo 13 años, pero claridad absoluta. Lo de las drogas se curaba. Así era la cosa hace 30 años. Lamentablemente la realidad no ha cambiado mucho.
En el contexto de la marcha #ConMisHijosNoTeMetas, que según El Comercio reunió a más de 68,000 personas, es importante hacer una precisión. Muy pocos discrepan (al menos de manera abierta) con que en el Perú, y en el mundo, los derechos y oportunidades de las mujeres han sido limitados por la sociedad durante muchos años. Basta con ver el reducido número de mujeres líderes empresariales en el Perú o el número de mujeres congresistas. Hoy éste es un récord con 36 congresistas mujeres, representando el 30% del congreso, mientras que las mujeres representan el ~50% de la población del Perú. Avanzamos pero queda mucho por hacer.
El verdadero problema
Lo que genera tanto miedo y esa reacción visceral que vemos en los medios es que los miembros de este colectivo y valgan verdades, muchísimos peruanos más, piensan que esta supuesta ‘ideología’ va a incitar la curiosidad de sus hijos con respecto a la comunidad LGBT+. Imaginan que si sus hijos son expuestos a esta comunidad corren mayor riesgo de que les vaya a gustar. Y Dios nos libre, claro.
Discrepo totalmente con la posición de este grupo de personas. Pero, como está de moda decir en estos días, la respeto. Soy tolerante.
Tolerancia si, discriminación no
El relativismo moral o ético nos dice que las cosas son buenas o malas dependiendo de cómo sean vistas por las sociedades o las culturas. En otras palabras, para la moral no hay verdades absolutas sino perspectivas. Pero todo tiene un límite. Cuando los derechos de las personas son restringidos por su orientación sexual o en general, por ser diferentes a la mayoría, entonces está claro que llegamos a ese límite.
Nuestra generación todavía pone en duda si dos personas del mismo sexo pueden ser un matrimonio legalmente constituido, o si pueden tener hijos. Es decir, restringimos los derechos civiles fundamentales de estas personas porque no son como la mayoría, porque se enamoraron de una persona del mismo sexo o peor todavía, por nuestras creencias culturales o religiosas que  -muchos piensan- deben ser impuestas a todos.
Eso se llama discriminación (@RAE define discriminar como “dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, etc.”). Y eso no se debe tolerar. Más bien se debe combatir de manera activa. La igualdad ante la ley es un derecho fundamental de los peruanos según nuestra Constitución donde dice expresamente que “Nadie debe ser discriminado por motivo de origen, raza, sexo, idioma, religión, opinión, condición económica o de cualquiera otra índole.”
Necesitamos aprender y trabajar todos
La discriminación se nutre de la ignorancia y del miedo que ésta genera. Eso no es novedad. Nuestra sociedad ha discriminado (vamos sigue discriminando) a gente de raza diferente a la de la mayoría, gente con religión distinta, gente con ciertas enfermedades, etc. Y la solución es clara y tan antigua como el mal. Aprendamos, dejemos de ser ignorantes.
En el tema de identidad de género nos toca a todos trabajar activamente para que nuestras hijas tengan acceso a todas las oportunidades y posibilidades que existan, incluso a las que todavía para muchos son “para hombres”. Así también, nos toca trabajar activamente para que a los miembros de la comunidad LGBT+, y a otras minorías, se les respeten sus derechos, incluido el derecho constitucional a no ser discriminado.
Mi amigo Enzo
Termino compartiendo una historia con final feliz que a mí me deja el tema absolutamente claro. Es la historia de un amigo que es un ejemplo de valentía y de amor, por sí mismo y por su familia. Enzo y yo somos amigos desde que tenemos 9 o 10 años, cuando vivía en Costa Rica. En ese entonces Enzo era Fiorella. Jugábamos y hacíamos travesuras como cualquier otro niño. Estaba claro que a pesar de haber venido al mundo con cuerpo de mujer, Enzo era hombre. No era un tema sobre el cual reparáramos o conversáramos, allá por 1984, pero estaba claro. A Enzo mismo le tomó tiempo descubrir su identidad. Años después conocí a su esposa y a su hijo. Fue un tema absolutamente natural. Enzo siempre fue uno de los nuestros.
Además de padre y esposo, Enzo es activista y trabaja por los derechos de la comunidad LGBT+. Yo apoyo su causa. Ojalá todos lo hiciéramos. Nuestros hijos aprenderían que parte de ser tolerantes es aceptar las diferentes perspectivas y formas de vida sin restringir los derechos de nadie. Enseñémosles que la discriminación es inaceptable.
PS
Hay un cliché, una frase estúpida que han usado siempre quienes discriminan para guardar las apariencias. Ayer leí un artículo que incluía la dichosa frase. “Aclaro que no estoy en contra de los homosexuales o lesbianas, tengo muy buenos amigos que lo son, los respeto y los quiero.” Muy elegante. Sin embargo, luego decía “La familia nuclear siempre estará conformada por padre, madre e hijos, porque es la única fecunda (salvo en los casos en que no hayan hijos por distintas razones).” ¡Qué cojones! Porque vamos, los quiere y los respeta, pero NO, no pueden tener una familia porque se enamoraron de una persona del mismo sexo. Tanto, tanto no los debe querer entonces si limita sus derechos ¿no?
¿Podríamos por favor dejar de usar la frasecita?
 * Articulo republicado del blog Aprendiendo Siempre con autorizacion del Autor.

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